Soy de la firme creencia de que no hay que ir muy lejos de donde estás para poder encontrar un lugar que puedas denominar 'mágico'. En este mundo en el que todo parece poco y hay que hacer y gastar a lo grande para que parezca que le estás dando un significado a la vida, pararse un instante y meditar sobre esto ayuda a poder poner un foco más claro y a la vez más humilde en nuestra extraña existencia.
Creo que principalmente es por la cercanía, saber que si lo añoras puedes regresar sin largas horas, sin estrés, sin gran inversión. Lo secundario creo que es porque pertenece al terreno donde habitas, es la grata sensación de que en tu entorno hay lugares donde escapar y desconectar y reconectar sin necesidad de nada más. Al menos creo tener la suerte de vivir en un país donde puedes encontrar el hermano pequeño de El Gran Cañón, puedes encontrar playas salvajes y paradisiacas que poco pueden envidiar a las de El Caribe, bosques ricos en frescor que imitan sin hacer sombra a la Selva Negra de Alemania. Valles, Montañas, llanuras en las que no consigues divisar el horizonte y pequeñas villas y pueblos que conservan la esencia de una vida simple, pura y tranquila. No es que no me interese viajar a otros países, pero es que aún tengo mucho por descubrir en el que estoy, mucho. Al fin y al cabo es donde resido, son la fauna y flora y las gentes las que me rodean y yo gustosamente y con respeto las quiero descubrir y visitar.
Ser consciente de que hay rincones que ya he visitado y que puedo volver en una misma mañana es realmente excepcional. Recordar atardeceres o sensaciones de lugares que están dentro de mi entorno es reconfortante, porque sé que esos lugares me conocen y saben que no estoy muy lejos tampoco.
Ya estoy pensando qué otros rincones voy a descubrir en los próximos meses, porque sé que no me van a decepcionar.
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