En esta época del año solemos salir mucho más a distintas partes y disfrutar de tiempo libre, o al menos algo diferente en un día libre con la pareja, amigos o familia.
Me gusta mucho descubrir nuevos lugares y dentro de esos lugares encontrarme con pequeños negocios de hostelería que dan lo mejor de lo mejor. Y a veces te dejan con cierto mal sabor de boca.
En mi reciente escapada a una ciudad de España, más concretamente en la Comunidad de Aragón, estuve encantada con la ciudad. La arquitectura, su mezcla de culturas y su gente. Me gusta comer y soy bastante variopinta en ese sentido ya que prácticamente todo me gusta, y en particular me gusta si está bueno y si además se acompaña de un servicio excelente. Y ¿qué es para mí un servicio excelente? Ni más ni menos que ese empleado/a que además de hacer su trabajo añade amabilidad, cortesía y gran profesionalidad. Estos factores hacen que la experiencia sea realmente diferente.
Creo que esto va en la persona y también en el equipo al que pertenece con un jefe/a que ponga en valor estas cualidades, y el empleado lo transmite al cliente. Me encanta, me siento bien primero porque he tenido la gran suerte de topar con ese profesional, segundo porque me indica que esa persona es bien tratada en su empleo y tercero porque sé donde puedo volver con total confianza. Y aunque no vuelva en mucho tiempo porque estoy de paso, siempre estará ese lugar para recomendárselo a amigos y conocidos que hagan un viaje a esas zonas.
Afortunadamente tengo una lista, modesta pero grandiosa, de lugares donde puedo ir a comer o cenar e incluso desayunar y tener la confianza de calidad en el equipo humano, que al fin y al cabo es lo que nos hace sentir 'comprometidos', esos trabajadores se han ganado mi corazón, no el lugar, sino los trabajadores, y mientras pueda contar con personas así siempre volveré o recomendaré. Porque sí, la comida es importante, la higiene, la presencia, y todo lo meramente estético y protocolario, pero lo que pone la guinda en el pastel son esas personas que convierten una visita o una degustación en una experiencia realmente agradable. Desde aquí doy las gracias infinitas a aquellas personas de gran profesionalidad y buen corazón que hacen que la hostelería no sólo esté ligado a beber o comer, si no a vivir un rato agradable, en confianza y haciendo la diferencia. ¡Volveré!

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