Es una de las cosas que no solemos hacer. Nos guiamos por la mente y muchas veces no prestamos atención a lo que realmente necesita el cuerpo, estos avisos no vienen del cerebro, o por lo menos cuando me ha ocurrido, no ha sido primero en mi mente donde se ha generado la consciente necesidad de comer algo en particular, si no del resto del cuerpo, me explico.
En mi más o menos larga vida hasta ahora, he sufrido de hipoglucemias sin estar relacionadas con diabetes (afortunadamente). Es decir, mi cuerpo le encanta metabolizar a la velocidad de la luz y hay ciertos momentos del día en los que debo surtirlo bien de hidratos lentos. Esto no es algo que haya sabido siempre, ya que he ido aprendiendo MUCHO. A los 14 años sufrí mis primeros episodios de hipoglucemias. Nadie, ningún médico supo qué me pasaba. Yo sí, pasaba muy muy mal rato en medio de temblores, hiperventilación, sudores y apenas control de mi sistema nervioso y todo esto me empujaba literalmente a comerme lo que hubiera en la nevera, cuanto antes comía, antes se me pasaba y mejor estaría el resto del día. Cuando no podía satisfacer esta necesidad de engullir, pues se me pasaba y pero el resto del día estaba como agotada.
Me hicieron analíticas varias, pruebas etc. Y nada. Lógico, el pico sólo se detectaba cuando sucedía, luego todo normal. Mi médico por aquél entonces lo asoció a ataques de pánico por lo que me prescribió unos medicamentos para la ansiedad. No era eso claro y al cabo de un mes y pico decidí dejar de tomarlo porque me continuaba pasando, no siempre pero cada x semanas o así PLAS otra vez, sin aviso, ¡Qué malos ratos!
El tiempo transcurrió y me acostumbré a tener estos episodios (aún sin identificar la causa y origen) aprendí que cuando me sucedía me inflaba a comer todo aquello que mi cerebro clasificaba como 'apto' para pasar la crisis y listo.
A mis 28 años decidí que algo tenía que hacer para al menos saber qué era lo que me pasaba, había pasado los últimos 14 años con esos episodios y a veces se volvía bastante impertinente especialmente si me ocurría estando en una situación en la que por las circunstancias no podía 'paliar' mi crisis con comer (por ejemplo en el trabajo). Así que una mañana, ya había desayunado a las 9:30, ese día libraba, y a eso de las 11:00 y pico noté que una crisis me comenzaba. En ese momento decidí acercarme a una farmacia para que me hicieran una prueba de azúcar en sangre. Cuando me la realizaron, BINGO, tenía sólo 52, cuando en circunstancias normales debería haberlo tenido por encima de 100 (al haber desayunado y demás incluso diría que algo más) como mínimo, en ayunas está entre 70 y 100 creo los valores saludables.... Pues yo no, estaba a borde del colapso. Me guardé el mini informe de la farmacéutica y acto seguido fui a la pastelería más cercana a reponer lo antes posible azúcar.
Enseguida concerté cita con mi médica de cabecera y esta enseguida me mandó varias pruebas, entre ellas para diferentes tipos de diabetes. Resultado: no tenía ningún tipo de diabetes. Conclusión: Tu cuerpo metaboliza deprisa por lo que debes comer hidratos lentos, especialmente cuando notas que te ocurren más veces las hipoglucemias, que es normalmente por la mañana. Por la tarde también pero sólo si es porque lo que haya comido haya sido demasiado 'light', es decir: solo cosas a la plancha y con ensalada, y poco más. Necesito, al menos hasta la hora de comer, comer consistente con su grasa, proteína y aporte de hidrato lento para garantizar que durante todo el día estaré en perfectas condiciones.
Así que, SÍ mi cuerpo me ha estado hablando, y por eso cada vez que me ocurría me llevaba a buscar alimentos ESPECÍFICOS con alto aporte de hidrato de manera URGENTE.
Me pasó lo mismo durante el embarazo. Odiaba literalmente el queso, leche o cualquier producto derivado. A los dos meses y pico de embarazo, una buena noche, de pronto me entraron las mismas ansias que cuando me dan las hipoglucemias, pero esta vez en mi mente y en mi paladar se proyectaron QUESOS SEMICURADOS (muy concreto jajajaja) Lo deseaba con cada célula de mi cuerpo y a eso de las 10 de la noche fui a casa de una amiga que SABÍA que tenía quesos que le habían traído recientemente. Esa noche comí queso semicurado por primera vez en mi vida con el mismo gusto con el que comía el chocolate en medio de mi hipoglucemia. ¡¡ERA UNA NECESIDAD IMPERIAL!!! Y como curiosa que soy, más adelante averigüé qué propiedades aportaba el queso semicurado, y efectivamente, como no, el cuerpo es más sabio que sabio, el queso semicurado contiene alta concentración de calcio, más que en ningún otro producto lácteo y por eso mi cuerpo decidió que a partir de ese momento el queso iba a ser mi equivalente al chocolate. Lo necesitaba para llevar a cabo una gestación saludable, obviamente. Mis depósitos de calcio debían ser mínimos y claro con mi nuevo estado no eran para nada suficientes.
Con toda esta experiencia, cada vez que dentro de mi cuerpo se remueve algo y me proyecta un alimento concreto en mi cerebro y paladar, hago caso, sin cuestionarme NADA. El cuerpo sabe qué es lo que le va faltando y pide el alimento que aporta ese nutriente, mineral, vitamina o proteína que necesita cubrir. Sin más.
¿Te ha ocurrido? OJO, no confundamos un antojo que está relacionado con cubrir una necesidad del cuerpo puntual, con capricho que es simplemente por la satisfacción de las endorfinas que genera al comerlo.


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