Hoy quiero hablar de una costumbre muy habitual en las relaciones: entregar riendas.
Pongo en situación: Estás en una relación, por ejemplo, y todo gira entorno a esa persona y relación, tu humor, tu disponibilidad, tu agenda e incluso tus gustos y demás. ¿Por qué hacemos esto? ¿Por qué coges tu vida, literalmente, y la plantas en las manos de otra persona? Es decir, tu destino, futuro y tu bienestar lo apuestas todo a esa persona, relación etc. ¿Estás loc@? El día que esa persona de pronto decida que no más, se va a llevar absolutamente todo con él o ella, ¿te parece normal?
Una persona debe ser responsable de su propio bienestar, su propia felicidad y su propio humor (excepto cuando las hormonas no colaboran). Veo un crimen contra la propia existencia el hecho de depositar todo esto tan sagrado en las dependencias de alguien que no lo va a tratar como tal ¿No crees?
Cuantas veces me he echado las manos a la cabeza cuando alguien de pronto la vida le sacude y lamenta que no podrá volver a creer en nadie, que no podrá volver a querer, que no podrá.... No, no es culpa de esa otra persona, esa otra persona está haciendo lo que cree conveniente para su propio bien. La culpa es tuya, has entregado lo intocable a alguien ajeno a ti, y claro, no tiene por qué ser responsable de eso ¡Menuda carga! Es también, mezquino si lo piensas, encasquetarle a alguien esta responsabilidad: tu bienestar, felicidad, tus decisiones, vamos, todo.
Hay que ser coherentes, una relación debe ser siempre un refugio, un lugar de diversión, de debate, incluso de alguna discusión, porque sí, hay que discutir, si no, alguien claramente está siendo absolutamente entregado dejando al lado su propia persona y criterio solo por evitar una discusión. Las discusiones sanas, son buenas, nivela las expectativas de los participantes, deja claras las condiciones y además lima asperezas, porque cuando quieres a alguien de verdad, la respetas y haces por llegar a terrenos neutros, en los que ambas partes ganen, no solo una parte. Venga vale, algunas veces hay que perder, pero se anota el tanto y se deja pendiente la próxima en la que el otro tenga que perder, y aquí paz y después gloria.
No debes olvidarte nunca de ti, y empezando por eso, no delegues tu felicidad. Es generarte una dependencia emocional enorme, es decir, que tu bienestar siempre dependerá de todo lo externo y nunca de ti. Y es un gran gran error. ¿Quién va a mimarte mejor que tú? ¿Quién te va a cuidar mejor que tú? Nadie, obviamente, cada uno debe ser responsable de sus propias parcelas, y el bienestar y felicidad es una de ellas.
Así que deja de darle las riendas a la primera persona que 'pienses' que es merecedora porque no, no es merecedora, ni para bien ni para mal. A parte de ser una irresponsabilidad por tu parte, pretendes cargar a alguien con una misión que no le pertenece. Empieza por ser y estar bien por ti mismo, y aprende a disfrutar de la compañía de otras personas, que sean ellas, tal cual, tú también tal cual, si funciona bien y si no, no pasa nada, adiós y gracias por la experiencia.
Una vez te haces cargo de tu felicidad, ya nada debe asustarte. Ya dejas de temer que salgan corriendo con tus pertenencias porque no se las has dado. Limítate a aprender, crecer, observar, ayudar, escuchar, hablar, bailar, viajar y todo lo que quieras, pero desde tu parcela. Serás más libre y las relaciones serán más fluidas, incluso en lo malo, porque si entregas estas sagradas pertenencias a otra persona, puede que caiga en malas manos y abusen.
Hazme caso, quiérete primero, así que el "te quieran" es más bonito y que te dejen de querer apenas dejará huella.
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